Imagenes mejor que palabras
.
Última parada, Nueva Zelanda, ay Omá que esto se está acabando!
Pero bueno aún nos queda el último tirón, que no es chico, Aotearoa (Tierra de la gran nube blanca) como la bautizaron los maoríes a su llegada hace 7 siglos. Uy uy uy, como estan de puestos los chavales, y es que nada más llegar a Auckland como niños bien instruidos que semos, nos fuimos del tirón para el museo nacional para ponernos un poco al día en lo que a cultura Maorí se refiere.
Si bien, lo poquito que sabíamos de este país era que los All Blacks (el equipo de rugby nacional), hacían una danza de guerra maorí antes de empezar los partidos, el Haka taparahi.
Total que tras hechar toda la mañanita viendo las atrocidades y barbaries que cometieron los ingleses cuando colonizaron estas tierras, porque los holandeses lo intentaron como dos siglos antes pero los Maorís les dieron pal pelo quitandoles así las ganas de asentarse aquí también, nos dispusimos a darnos un par de voltios por la ciudad e ir trazando las posibles rutas que tomariamos tras recoger la furgoneta de turno al día siguiente.
No sabemos si será Auckland, el contraste de la tropical Indonesia contra el clima frío tardío primaveral de este país, o que nos hemos vuelto unos salvajes campestres antisociales, pero el caso es que de la ciudad queríamos escapar lo antes posible.
Carretera y carretera que espectáculo, este país si tiene algo bueno es que el mero hecho de viajar no es fastidioso ni mucho menos, como puede serlo si a cada kilometro te encuentras paisajes Tolkenianos increíbles, cada monte parece La Comarca, todo verde que parece un campo de golf sin fin, sino fuera por las pequeñas manchas blancas que se ven en la lejanía de ovejas pastando.
El primer objetivo era recorrer la península al norte de Auckland para después volver a pasar por la ciudad rumbo al sur y así darle un par de días al chino campeón, (gracias de nuevo chulo por arreglarnos el portatil, si estas leyendo esto en español eres un figura). Total, intentando encontrar un tajito o majadero (lugar para majarse), dimos con un sitio espectacular, con vistas a un laguito y todo, si no fuera porque nos vino un guarda en su Jeep y nos dijo que en el campo de golf como que no estaba mu bonito acampar, el sitio hubiera estao cojonudo y es que no es coña lo que he dicho antes, aquí todo parece un campo de golf, de hecho para hacer un campo homologado aquí no tienen más que hacer 18 hoyos en la parcela del garrulo ovejero de turno.
Total que nos fuimos con nuestra furgo-cani a otro parte, y rodando rodando dimos con un parque de kauris, que por si algún ignorante no sabe lo que es, o faltó ese día al colegio, los kauris son unos árboles grandes de cojones que tienen más años que Matusalén, és más, Matusalén bien podía haber nacido cuando estos árboles ya habían hecho la mili, de hecho, vimos uno que tenía 9 m de diámetro y 2000 años, que ya son años hay quieto tol día sin hacer nada
Una vez hechado los dos primeros días por el cabo norte pasamos por el chino en Auckland y tras recoger el portátil, nos fuimos hacía las cuevas de Waitomo, un sitio que no habíamos considerado por lo carisimo que era de visitar, pero que torno asequible a nuestros humildes bolsillos cuando en nuestras manos calló un cuponcito 2x1 que nos ahorraba 400 dolares. Suh webo ahí!
Y vaya si mereció la pena. Para empezar la entrada de la cueva estaba como a 100 m. de altura que te hacen bajar con una cuerda controlando tu por tu cuenta, era tan alto que no te daba ni vertigo, (sino me curo el vértigo en este país no sé donde lo haré).
click para ampliar (mira que chica se ve la cuerda)
Equipados con cascos y más abrigados con neoprenos que el muñeco de michelin, nos adentramos en la cueva, cuyo paso debíamos hacer siempre a contracorriente de un río subterráneo bastante bravo a veces el muy jodío.
Que cosa más guapa, a parte de saltar entre distintas piscinas, pasar por estalactitas, estalacmitas, y demás movidas cavernarias ajustando arneses y cuerdas por todos lados.
Es lo bueno de no saber nada de un lugar, no te creas ningun tipo de expectativas, y es que, lejos de ser una rutita que todo el mundo podía hacer, como pensabamos al principio, fue bastante jodido. De hecho te hacían pasar por galerías tan estrechas que temías de quedarte atrapado sin poder moverte más que reptando, mi amigo Agu tiene que estar retorciendose na más que de pensarlo.
Y es que nos hicieron firmar un montón de papeles asegurando que no teníamos vertigo, claustrofobia, problemas cardio-vasculares, lesiones recientes en articulaciones o si quiera sobrepeso, y para ello tenían a cargo de la recepción dos pedazos de señoritas de 200 kilos cada una que de una manera empática y elegante hechaban para atrás a todo gordito que quisiera intentarlo. Solo faltaba el cartél de prohibido fumar pero con un gordito en vez de un cigarro. Lo más curioso de todo es que la visita se finalizaba con poniendote hasta el culo de carne, salchichas y demás en la mega-barbacoa que tenían en sus instalaciones.
Mas felices que unas lombrices tras el recorrido de 7 por las gélidas aguas subterráneas y con el estomago bien lleno, nos fuimos por patas al que fuera nuestro “highlight” o punto fuerte de nuestro pequeño viaje pa que nos entendamos, Las Tierras del Señor Oscuro, The Tongariro Nacional Park, usease Mordor pa los amigos.
Este parque tiene, como todos los parques naturales de por aquí, millones de rutas para hacer, pero al disponer solo de un día para hacerlo, y en vista que ya nos estamos preparando mentalmente para el Milford Track, que por sí no lo recordaís son 4 días de marcha subiendo y bajando montañita, nos declaramos en huelga y solo optamos por hacer el Tongariro Alpine Crossing, que consistía ni más ni menos que en un trazado que se hacía entre 5 y 7 horas por la parte más espectacular, incluyendo el paso a las faldas del Monte Ngarauruhoe.
La cosa estaba cantada, nos levantamos a las 5 de la mañana para coger un autobús que nos acercaba al parque, y de allí empezamos a eso de las 6 y media, después de una pequeña introducción por parte del chofer para ponernos al día de cómo y de que manera había que hacer el recorrido y cuanto tiempo teníamos para ello. También nos dijo que dentro de la ruta nos encontraríamos con otro trazado extra de 3 horas que era la subida al Volcan Ngarauruhoe, pero que eso era para hacerlo con tiempo porque era bastante inclinado y no nos daría tiempo a llegar a tiempo para pillar el bus de vuelta.
(empezamos enguataitos)
Adivinais que hicieron los chavales?¿?,como siempre, tomamos en muy buena consideración el consejito del amigo pero directamente nos lo pasamos por los… …tu sabes, y nos fuimos derechitos pal crater del volcan, y es que uno no pasa todos los días por delante del Volcan Ngaruauruhoe o Monte del Destino para los frickis del Señor de los Anillos, y es que también a mi primo se le metió en los güebos como buen mediano que es, subir y tirar algo por el volcan lo que pasa, es que en vez de hechar el anillo casi hechamos la jigailla intentando hacer cima, y sino hechad un vistazo como había que subir a cuatro patas durante más de dos horas por la puñetera montaña.
Consecuencia, pues tras perder 3 horas subiendo y bajando el volcán, tuvimos que hacer el resto del trazado casi corriendo, con el consecuente desgaste en nuestras rodillas que quedaron rebentaditas.
(y acabamos sudando como gorrinos)
En total fueron 9 horas en las que no pudimos parar ni para almorzar, por el puñetero autobús, de haber ido por nuestra cuenta nos hubiera ido mejor, esto nos pasa por morcillones y dejarnos engañar de nuevo por los Tours locales, (segunda y última cagada contando con Fraser Island en Australia) y es que la razón nos vuelve a decir que todo lo que hacemos por nuestra cuenta siempre sale mejor. Y es que para algo hechamos horas leyendo la Lonely Planet y demás guías que nos vamos encontrando y que nos permiten ir contrastando y planeando los que debemos hacer cada día.
El parque fue una locura, la ruta más espectacular que he hecho en mi vida, y es que, pasar por distintos valles, atravesar glaciares, andar a las faldas de un volcan, subir a otro, pasar por lagos de colores, joder, si es que hicimos en un día lo que hizo Frodo en 3 películas.
que son papas tesoro!
Una vez terminado esto teníamos previsto hacer otras rutas, pero debido al desgaste físico que nos provocó el subir y bajar tanta montañita que nos dejo hecho unos verdaderos despojos humanos, optamos por majarnos en las distintas piscinas calientes naturales que regaban la región, y es que algo bueno tenía que tener estar rodeadito de volcanes.
Cumplido el tiempo en la isla norte, volvimos a Auckland para soltar la furgona y coger el avión que nos llevaría hasta Christchurch para reunirnos con nuestras amigas y seguir viajando estos últimos 20 días ahora por la isla sur y en 4, que ya empezamos a estar un poco jartito el uno del otro, incluso estamos hablando que en la cena de nochebuena nos vamos a poner cada uno en una punta distinta de la mesa. Jejejeje!
Bueno, un abrazo chavales, nos vemos en la isla sur.



(Aqui con Dina y Lia, nuestras nuevas parientas.




Indonesia… Como se estan poniendo los chavales, jejeje... pero bueno, empecemos por el principio, que toca resumir los primeros 10 días en este espectacular paraíso del sudeste asiático, usease Bali. Ahora mismito estamos retrasmitiendo desde Java, pero es que el material se nos esta derramando por tos laos del portátil, de todo lo que llevamos recorrio… que barbariá… El problema que aqui no todos los cocoteros tiene wifi... pero vamos a lo que vamos.
Total, que después de dar bandazos por la ciudad y sobrevivir al atropello de los millones de scooter que pululaban por la zona, decidimos que si no puedes con tu enemigo, únete a él.
Totá que nos montamos en nuestra amoto, con nuestros cascos de a veinte duro, rumbo a la lonja de Kuta donde pensabamos pegarnos la gran zampada de pescao en los chiringuitos matalascañeros de la pedanía en cuestión, viendo el atardecer, en frente propio de las olas. Que bonito.
Vease el video del mono cani, que le hechaba webos al “pequeño”, y como sus colegas el negro y el canijo lo intentan agarrar pa que no le zumbara. Al final mi primo se arregló con ellos y quedaron como amigos.)





El magnanimo evento era ni más ni menos que la cremación de un miembro de la familia real de Ubud, uno de los ritos hinduistas más espectaculares, ya que los rituales del populacho no eran más que un pequeñito cortejo con las cenizas del pobrecito difunto, pero al ser Real, no veas como tiraban de la de Ubrique para festejarlo.
La visita empezó en el mercado local donde vimos todos y cada uno de los ingredientes que hacen falta y que no tenemos ni puta idea donde los vamos a encontrar cuando lleguemos a Sevilla.
Nos pusimos como el Kiko, porque cada plato, después de tomar notas en nuestros libros de recetas y cocinarlos, nos lo cepillabamos a dos carrillos. Evidentemente queda pendiente una cenita a cargo de los dos nuevos chefs en cocina Balinesa a nuestro regreso, el plazo de inscripción se abre el proximo 30 de Febrero.
Una vez finalizada nuestra etapa en Ubud y alrededores, pusimos rumbo a Lombok, otra isla casi igual de grande como Bali, pero con mayoría musulmana, y bastante menos turistica, donde tras no pasar más de una pena, llegamos al paraíso… Gili Islands, pero eso… será otra historia, ahora os dejamos con un popurri de videos de Bali.Y llegó la esperada última etapa del viaje.
Después de 2000 km rumbo al sur, por fin acabo la interminable barrera de coral. Desde el punto de vista de un aficionado al submarinismo, es el paraíso, pero para los aficionados al surf, es lo contrario: 3500 km de preciosa costa sin ningunas olas debido a la barrera mismamente.
Después del sabor agridulce que nos dejo la escapada a Fraser Island, estábamos locos por desempacar las tablas y poner en práctica lo aprendido durante los últimos 6 meses en las aguas de Bondi, así que nos fuimos directos a Noosa, primera parada de nuestro surfari australiano.

Esta playa es famosa entre longboarders (los de las tablas más largas que un domingo sin dinero), por tener olas perfectas para este estilo, esto es, no muy grandes pero largas, y a nosotros nos venía que ni pintao debido a que aun somos novatos. Allí echamos los tres primeros días viviendo en nuestra casa con ruedas y repitiendo la que seria nuestra rutina por las dos semanas siguientes. En este periodo, la vida de un australianito común se reducia a:
Levantarse con los primeros rayos de sol, desayunar algo ligerito y meterse en el agua a eso de las 6-7, ya que a primera hora de la mañana es cuando hay menos viento, usease, mejores condiciones para el surf. Tras la sesión matutina, recoger todo el tinglao que se forma con el rollo de tablas fuera tablas dentro, seca el bañador, etc, y paseito por donde tocase. Almuerzo, siesta y segunda sesión del día, que normalmente hacíamos coincidir con el atardecer para mayor disfrute de la experiencia. Monta el chiringuito otra vez y a dar vueltas por donde fuese hasta encontrar el emplazamiento ideal (tajito) para dormir y no ser molestado por la policía. Resulta que no es cosa fácil aquí en Australia, ya que esta prohibido pasar la noche en tu vehículo (fuera de los campings) en toda la costa este bajo multas de miles de dólares, así que nos andábamos con 7 ojos. Y por fin, cena, peliculita gracias a las ventajas de la vida moderna (usease el portátil) y a dormir a eso de las 9, ya que al día siguiente de nuevo a empezar.
Lo de acostarnos temprano, aunque impropio de nosotros, se debe a varias razones: Primero que viviendo en una flagoneta ambulante, oscuridad significa efectividad cero, no puedes hacer nada útil con una linternita de medio vatio. Segundo que después de un día así, caes redondo en la cama y te da igual que la cama este mojada y con arena de la playa, como mas de una vez ocurrió. Tercero que los pájaros empiezan a cantar a las 5.30 y con ellos vienen los primeros rayos trayendo un día igual o mejor que el anterior. Firmaría una rutina así por el resto de mi vida!
Básicamente a esto nos dedicamos durante los siguientes 2000 km rumbo a Sydney, con algunas excepciones y desvíos de nuestra ruta principal, como fueron la visita a un zoo donde vimos toda clase de bichos autóctonos. Por fin conseguí echarme una foto con un koala, que desde ahora, creo que es mi animal favorito, son pa comerzelos!

Noosa, Tweed Head, Coolangatta, Lenox Head y otras cuantas de playas más que no me acuerdo como se escriben, fueron las siguientes paradas hasta llegar a Byron Bay, mi pueblo favorito de Australia. Para los que tengan buena memoria, es la segunda vez que visitamos este lugar en lo que va de año, tras la pequeña escapada que hicimos en marzo. Aquí echamos los últimos días de lo que ha sido nuestra vida en Australia, casi 10 meses que se dice pronto.
Fue un buen final, porque a parte de haber echado algunos días muy buenos en cuanto al mar se refiere, conocimos a un colega de Barcelona, Pablo, que estaba en el mismo plan que nosotros con su furgona. Un tío enrollao, echamos los siguientes días juntos, y nos comento de un buen sitio para majarse por las noches a 10 km de Byron. Era una zona de picnic rodeada por un lago en un lado y la playa al otro, a menos de 20 pasos, un entorno privilegiao pa levantarse por las mañanas y echar una meadita. Y allí echamos las últimas noches, donde nos reunimos con otros dos daneses que traían su guitarra, tomando cervecitas e intercambiando experiencias e información, sólo faltaba la fogata. Por cierto Pablo, si lees esto gracias otra vez por la mano que me echaste.

Por lo demás todo va estupendo, os escribimos desde Bali, que tampoco esta nada mal, parece que la cosa va de bien en mejor, pero eso en la siguiente entrega… Un abrazo!
PD: Sentimos no poder ofreceros el video editado de estas ultimas semanas, material no nos falta. Estamos teniendo una serie de problemas técnicos, y por lo que parece mi ordenador esta a punto de reventar, así que el montaje de los mismos se esta haciendo difícil. Añadámosle que en este país la conexión a internet es desesperantemente lenta y no tenemos muchas oportunidades de conectarnos. Esperemos podamos arreglar estos contratiempos y volver al formato de antes. Por lo menos os dejamos este pequeño video para que veaís la que fue nuestra casa, aunque no siempre estaba así, palabra de honor.
Cuídense!
Tras la mega-experiencia de las Whitsundays, la siguiente etapa que tocaba era Fraser Island, una inmensa duna de 120 km de largo por unos 20 km de ancho, que alberga un bosque tropical y un monton de lagos.



Fraser Island es un paraíso virgen que lo tienen rebentao de tanto viaje de niñatos poniendose ciegos por todos laos, tirando colillas y basura por donde van pasando.
Es una pena, pero es un negocio del copon, aunque se estén cargando el unico reducto donde quedan dingos salvajes en este país.
Bueno después de dar semejante repaso, vamos a contar lo bueno.
La playa en esta isla hace de autopista, y es que no hay otro medio para poder moverte por alli sin pasar por la espesa selva que va a lo largo de la costa. Pero claro, el agua a la playa llega con unas corrientes de cagarse, de hecho esta prohíbido bañarse en la playa, porque si no te ahogas en los primeros 10 metros, te come un tiburón, que de esos hay pa matarse por la zona.
Así que lo que mola de visitar por allí son gigantescos lagos de agua dulce que estan en el interior de la isla, y los restos de un buque japones que encalló en la segunda guerra mundial, y claro como aquí en Australia no tienen muchas ruinas, lo tienen hasta catalogao el barquito.
Lo más destacable, la experiencia de haber conducido un 4x4 por el espeso bosque tropical, y por la dunas de la playa.
.
Un kayak para dos personas, una tienda de campaña, comida y agua para 4 días, los dos zagales y… el escenario inigualable de las Whitsundays Islands. Menuda Experiencia. Pero empecemos por el principio.
Tras nuestra corta pero intensa incursión en los mundos submarinos de la Gran Barrera Coralina (por cierto si a alguna le interesa ya somos buceadores profesionales, tenemos licencia para llegar a lo profundo) los chavales pusieron rumbo al sur hacia la siguiente parada: Whitsundays Islands.
Se trata de un archipiélago de 74 islas de espacio protegido rebosantes de vida marina, bosques exuberantes y todo tipo de bichos. La clásica manera de visitar estas islas es embarcándote a bordo de un velero deportivo por un par de noches, pero nosotros siguiendo nuestra línea de evitar los típicos paquetes turísticos donde te dicen a que hora te toca comer, dormir y cagar, decidimos hacerlo a nuestro aire.
Tras estudiar que alternativas nos quedaban aparte del velero descubrimos una empresa de alquiler de kayaks, la cual también proporcionaba todo el equipo que necesitas para irte de acampada, esto es, tienda de campaña, colchones, cocina, agua y un mapa para ser autosuficiente por unos días. ¿Que no tenemos ni puñetera idea de cómo usar un kayak? ¡No pasa nada! ¿Que el mar estaba embravecido y lloviendo durante los 3 últimos días? ¡Quién dijo miedo! ¿Que no tenemos la forma física suficiente para remar 50 km en 3 días? ¡Palante!
Tras mucho meditarlo allá nos presentamos con un par de bañadores y camisetas y la comida justa para los siguientes 4 días, y tras meterlo todo en bolsas de plástico aislantes y cargar el kayak comenzamos nuestra aventura. Previamente nos dieron una pequeña explicación de que partes de las islas debíamos evitar y un horario con las mareas, imprescindible para saber a que horas tienes que cruzar las partes más abiertas y peligrosas. Normalmente lleva de 10 a 14 días recorrer las islas en su totalidad, pero como a nosotros no nos sobraba el tiempo, optamos por coger un watertaxi que nos dejó en un extremo del archipiélago con todo el equipo y hacer el camino de vuelta en el kayak a nuestro aire.


Segundo día, 6 a.m., desmonta la tienda, carga el kayak, y vámonos que nos vamos. Al principio fue un infierno, fatiga, dolores musculares que no había sentido en mi vida, hasta que le cojimos el rollo. A partir de ahí fue coser y cantar. Es una sensación extraña, porque tu cuerpo lo esta pasando fatal, pero a la vez tus sentidos están tan estimulados con los paisajes de película, el sonido del kayak deslizándose, el olor a mar, etc, que tu cerebro se olvida del dolor y solo te quedas con lo bueno, convirtiéndose en una experiencia increíble. Tras 6 horas (con algunas paradas) y 20 km atrás nuestra, llegamos a Joe’s Beach, una playita dentro de una bahía que solo tiene acceso desde el mar y la cual era enterita para nosotros. Descarga el kayak, monta la tienda en la misma arena y a relajarse en nuestra playa privada.

En vez de un 10 le doy un 9,9 porque todo era perfecto excepto que la playa estaba llenita de nuestras amigas las sandflies, unos moscardones tocapelotas del tamaño de una uña gorda con un taladro por boca. Más que picar te hacían una lobotomía, resulta que la cabeza era su sitio preferido para dejarte seco. De todas formas fué divertido, nos pasamos la tarde dándonos chanclazos en la cabeza el uno al otro, con un total de 12 víctimas.
Tras ver uno de los atardeceres mas espectaculares de mi vida bañándome en pelotas, cenita y a dormir, que al día siguiente la marea baja era a las 7 de la mañana y teníamos que cruzar un estrecho con unas corrientes del copón.


