Y llegó la esperada última etapa del viaje.
Después de 2000 km rumbo al sur, por fin acabo la interminable barrera de coral. Desde el punto de vista de un aficionado al submarinismo, es el paraíso, pero para los aficionados al surf, es lo contrario: 3500 km de preciosa costa sin ningunas olas debido a la barrera mismamente.
Después del sabor agridulce que nos dejo la escapada a Fraser Island, estábamos locos por desempacar las tablas y poner en práctica lo aprendido durante los últimos 6 meses en las aguas de Bondi, así que nos fuimos directos a Noosa, primera parada de nuestro surfari australiano.

Esta playa es famosa entre longboarders (los de las tablas más largas que un domingo sin dinero), por tener olas perfectas para este estilo, esto es, no muy grandes pero largas, y a nosotros nos venía que ni pintao debido a que aun somos novatos. Allí echamos los tres primeros días viviendo en nuestra casa con ruedas y repitiendo la que seria nuestra rutina por las dos semanas siguientes. En este periodo, la vida de un australianito común se reducia a:
Levantarse con los primeros rayos de sol, desayunar algo ligerito y meterse en el agua a eso de las 6-7, ya que a primera hora de la mañana es cuando hay menos viento, usease, mejores condiciones para el surf. Tras la sesión matutina, recoger todo el tinglao que se forma con el rollo de tablas fuera tablas dentro, seca el bañador, etc, y paseito por donde tocase. Almuerzo, siesta y segunda sesión del día, que normalmente hacíamos coincidir con el atardecer para mayor disfrute de la experiencia. Monta el chiringuito otra vez y a dar vueltas por donde fuese hasta encontrar el emplazamiento ideal (tajito) para dormir y no ser molestado por la policía. Resulta que no es cosa fácil aquí en Australia, ya que esta prohibido pasar la noche en tu vehículo (fuera de los campings) en toda la costa este bajo multas de miles de dólares, así que nos andábamos con 7 ojos. Y por fin, cena, peliculita gracias a las ventajas de la vida moderna (usease el portátil) y a dormir a eso de las 9, ya que al día siguiente de nuevo a empezar.
Lo de acostarnos temprano, aunque impropio de nosotros, se debe a varias razones: Primero que viviendo en una flagoneta ambulante, oscuridad significa efectividad cero, no puedes hacer nada útil con una linternita de medio vatio. Segundo que después de un día así, caes redondo en la cama y te da igual que la cama este mojada y con arena de la playa, como mas de una vez ocurrió. Tercero que los pájaros empiezan a cantar a las 5.30 y con ellos vienen los primeros rayos trayendo un día igual o mejor que el anterior. Firmaría una rutina así por el resto de mi vida!
Básicamente a esto nos dedicamos durante los siguientes 2000 km rumbo a Sydney, con algunas excepciones y desvíos de nuestra ruta principal, como fueron la visita a un zoo donde vimos toda clase de bichos autóctonos. Por fin conseguí echarme una foto con un koala, que desde ahora, creo que es mi animal favorito, son pa comerzelos!

Noosa, Tweed Head, Coolangatta, Lenox Head y otras cuantas de playas más que no me acuerdo como se escriben, fueron las siguientes paradas hasta llegar a Byron Bay, mi pueblo favorito de Australia. Para los que tengan buena memoria, es la segunda vez que visitamos este lugar en lo que va de año, tras la pequeña escapada que hicimos en marzo. Aquí echamos los últimos días de lo que ha sido nuestra vida en Australia, casi 10 meses que se dice pronto.
Fue un buen final, porque a parte de haber echado algunos días muy buenos en cuanto al mar se refiere, conocimos a un colega de Barcelona, Pablo, que estaba en el mismo plan que nosotros con su furgona. Un tío enrollao, echamos los siguientes días juntos, y nos comento de un buen sitio para majarse por las noches a 10 km de Byron. Era una zona de picnic rodeada por un lago en un lado y la playa al otro, a menos de 20 pasos, un entorno privilegiao pa levantarse por las mañanas y echar una meadita. Y allí echamos las últimas noches, donde nos reunimos con otros dos daneses que traían su guitarra, tomando cervecitas e intercambiando experiencias e información, sólo faltaba la fogata. Por cierto Pablo, si lees esto gracias otra vez por la mano que me echaste.

Por lo demás todo va estupendo, os escribimos desde Bali, que tampoco esta nada mal, parece que la cosa va de bien en mejor, pero eso en la siguiente entrega… Un abrazo!
PD: Sentimos no poder ofreceros el video editado de estas ultimas semanas, material no nos falta. Estamos teniendo una serie de problemas técnicos, y por lo que parece mi ordenador esta a punto de reventar, así que el montaje de los mismos se esta haciendo difícil. Añadámosle que en este país la conexión a internet es desesperantemente lenta y no tenemos muchas oportunidades de conectarnos. Esperemos podamos arreglar estos contratiempos y volver al formato de antes. Por lo menos os dejamos este pequeño video para que veaís la que fue nuestra casa, aunque no siempre estaba así, palabra de honor.
Cuídense!












Lo más destacable, la experiencia de haber conducido un 4x4 por el espeso bosque tropical, y por la dunas de la playa.
Se trata de un archipiélago de 74 islas de espacio protegido rebosantes de vida marina, bosques exuberantes y todo tipo de bichos. La clásica manera de visitar estas islas es embarcándote a bordo de un velero deportivo por un par de noches, pero nosotros siguiendo nuestra línea de evitar los típicos paquetes turísticos donde te dicen a que hora te toca comer, dormir y cagar, decidimos hacerlo a nuestro aire.
Tras mucho meditarlo allá nos presentamos con un par de bañadores y camisetas y la comida justa para los siguientes 4 días, y tras meterlo todo en bolsas de plástico aislantes y cargar el kayak comenzamos nuestra aventura. Previamente nos dieron una pequeña explicación de que partes de las islas debíamos evitar y un horario con las mareas, imprescindible para saber a que horas tienes que cruzar las partes más abiertas y peligrosas. Normalmente lleva de 10 a 14 días recorrer las islas en su totalidad, pero como a nosotros no nos sobraba el tiempo, optamos por coger un watertaxi que nos dejó en un extremo del archipiélago con todo el equipo y hacer el camino de vuelta en el kayak a nuestro aire.


Segundo día, 6 a.m., desmonta la tienda, carga el kayak, y vámonos que nos vamos. Al principio fue un infierno, fatiga, dolores musculares que no había sentido en mi vida, hasta que le cojimos el rollo. A partir de ahí fue coser y cantar. Es una sensación extraña, porque tu cuerpo lo esta pasando fatal, pero a la vez tus sentidos están tan estimulados con los paisajes de película, el sonido del kayak deslizándose, el olor a mar, etc, que tu cerebro se olvida del dolor y solo te quedas con lo bueno, convirtiéndose en una experiencia increíble. Tras 6 horas (con algunas paradas) y 20 km atrás nuestra, llegamos a Joe’s Beach, una playita dentro de una bahía que solo tiene acceso desde el mar y la cual era enterita para nosotros. Descarga el kayak, monta la tienda en la misma arena y a relajarse en nuestra playa privada.

En vez de un 10 le doy un 9,9 porque todo era perfecto excepto que la playa estaba llenita de nuestras amigas las sandflies, unos moscardones tocapelotas del tamaño de una uña gorda con un taladro por boca. Más que picar te hacían una lobotomía, resulta que la cabeza era su sitio preferido para dejarte seco. De todas formas fué divertido, nos pasamos la tarde dándonos chanclazos en la cabeza el uno al otro, con un total de 12 víctimas.
Tras ver uno de los atardeceres mas espectaculares de mi vida bañándome en pelotas, cenita y a dormir, que al día siguiente la marea baja era a las 7 de la mañana y teníamos que cruzar un estrecho con unas corrientes del copón.















